Seventh-Day Adventist Church

FILADELFIA “Un Pueblo una Esperanza”

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ESTILO DE VIDA ADVENTISTA

La vida cristiana no es una leve modificación ni una mejora de la antigua, sino una completa transformación de la naturaleza. Esto significa la muerte al yo y al pecado, y una resurrección a una nueva vida, como una nueva persona en Cristo Jesús. El corazón del cristiano llega a ser la morada de Cristo por medio de la fe. Ese proceso ocurre al “contemplar a Cristo, y considerar siempre a nuestro querido Salvador como nuestro mejor y más honrado amigo, de manera queno lo ofendamos en ninguno de nuestros actos”. De esta manera los cristianos“tenemos la compañía de la presencia divina”, y solamente cuando nos damoscuenta de esa presencia es cuando “nuestros pensamientos son llevados cautivosa Cristo Jesús” y nuestros hábitos de vida se conforman con la norma divina.
 
Como cristianos, somos miembros de la familia real, hijos del Rey celestial.Por lo tanto, no debemos decir ninguna palabra, ni realizar ningún acto que pueda traer deshonor sobre “el buen nombre que fue invocado sobre vosotros”. Somos reformadores. En cada fase de la vida, debemos estudiar “atentamente el carácter divino-humano, y preguntarnos siempre: ‘¿Qué haría Jesús si estuviera en mi lugar? ’Tal debiera ser la norma de vuestro deber”

Una vida renovada lleva al cristiano a un alto patrón de comportamiento a través de un estilo de vida que glorifique a Dios, y que evidencie públicamente la fe y el compromiso que tiene con Cristo Jesús. Dos enseñanzas bíblicas fundamentan la importancia del estilo de vida para el cristiano adventista: 1) La restauración de la imagen de Dios en el ser humano; y 2) la misión profética específica de la Iglesia Adventista en el fin de los tiempos.

Los adventistas confían en que Dios obra en todas las áreas de sus vidas y tiene la seguridad de que Cristo volverá pronto para recompensar a quienes confiaron en Él.


Estudio de la Biblia

La vida espiritual se sostiene por medio del alimento espiritual. Debemos mantener el hábito del estudio devocional de la Biblia y la oración si queremos alcanzar la santidad. En esta época en que somos bombardeados por la página impresa, la radio, la televisión, Internet y otros medios modernos de comunicación, cuando miles de voces reclaman ser oídas, tenemos que cerrar nuestros ojos y nuestros oídos a mucho de lo que está tratando de entrar en nuestra mente y consagrarnos al Libro de Dios, al Libro de todos los libros, al Libro de la vida: la Biblia.

Nuestra relación con la comunidad

Si bien nuestra “ciudadanía está en los cielos; desde donde también esperamos al Salvador” (Fil. 3:20), estamos todavía en el mundo y somos parte integrante de la sociedad humana, y debemos compartir con nuestros semejantes ciertas responsabilidades en los problemas comunes de la vida. Como hijos de Dios, debemos ser conocidos, en todos los lugares donde vivamos, como ciudadanos notables por nuestra integridad cristiana y nuestro trabajo en favor del bien común.

La observancia del sábado

El sábado es una prenda del amor de Dios por la humanidad. Es un monumento conmemorativo del poder de Dios manifestado en la creación original;es también una señal de su poder para recrear y santificar la vida (Eze. 20:12), y su observancia es una evidencia de nuestra lealtad a él y de nuestra comunión con nuestro Redentor.

La salud y la temperancia 

Nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo (1 Cor. 6:9). “[...] tanto el vigor mental como el espiritual dependen en gran parte de la fuerza y la actividad físicas; todo lo que promueva la salud física promueve el desarrollo de una mente fuerte y un carácter equilibrado”  Los adventistas creemos en una vida de consagración a Dios en el aspecto físico, psicológico, emocional y espiritual.

Por esta razón, vivimos en forma inteligente, de acuerdo con los principios saludables del ejercicio físico, la respiración, la luz del sol, el aire puro, el uso del agua, el sueño y el descanso. Por convicción, elegimos libremente alimentarnos en forma saludable, obedecer las leyes de salud, del dominio propio y de una dieta sana. Por lo tanto, nos abstenemos del alcohol en todas sus formas, del tabaco y de las drogas adictivas. Nos esforzamos por preservar nuestro equilibrio físico y psicológico, evitando todo tipo de excesos. La reforma y la enseñanza en favor de la salud y la temperancia son partes inseparables del mensaje de la Iglesia.

Pertenecemos a Dios en cuerpo, alma y espíritu. Es, por lo tanto, nuestro deber religioso observar las leyes de la salud, tanto para nuestro propio bienestar y felicidad como para poder servir más eficientemente a Dios y a nuestros semejantes. El apetito debe ser dominado. La salud se promueve por la observancia inteligente de los principios de higiene, que tienen que ver con el aire puro, la ventilación, la vestimenta adecuada, la limpieza, el ejercicio y la recreación apropiados, el sueño y el descanso adecuados, y la alimentación sana y equilibrada. Dios proveyó al hombre abundante variedad de alimentos, suficiente para satisfacer todas las necesidades dietéticas. Las frutas, los granos y los vegetales, preparados de una manera sencilla [...] complementados con leche o crema, constituyen el régimen más saludable” (Consejos sobre la salud, p. 113).

Cuando se practican los principios de la vida sana, no se sentirá la necesidad de estimulantes. La abstinencia del uso de bebidas alcohólicas y de tabaco fue, desde los primeros días de este movimiento, una condición para ser miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día (véanse las pp. 47, 49, 62, 91, 163, 164). Dios nos dio gran luz sobre los principios de salud, y la investigación científica moderna confirmó abundantemente estos principios.

 La vestimenta

Como cristianos adventistas, fuimos llamados a salir del mundo. La verdadera religión, que entra en cada aspecto de la vida, tiene que tener una influencia modeladora en todas nuestras actividades. Nuestros hábitos de vida deben basarse en principios y no en el ejemplo del mundo que nos rodea. Las costumbres y las modas pueden cambiar con los años, pero los principios relativos a la debida conducta son siempre los mismos. La vestimenta es un factor importante en el carácter cristiano. En los primeros tiempos de nuestra historia, Elena de White escribió que el propósito de la vestimenta cristiana es “proteger al pueblo de Dios de la influencia corruptora del mundo, como también para promover la salud física y moral” (Consejos sobre la salud, p. 600). Ella también aconseja que debemos evitar la ostentación llamativa y “los adornos profusos”, las modas pasajeras y extremas, particularmente las que violan las normas de la modestia, y que nuestra vestimenta debe ser, hasta donde sea posible, “de buena calidad, de colores apropiados y adecuados para el uso. Deberíamos escogerla por su durabilidad más bien que para la ostentación”. Nuestra indumentaria debe caracterizarse por la “modestia”, la “belleza”, la “gracia” y “las cualidades propias de la sencillez natural” (Mensajes para los jóvenes, p. 350). El pueblo de Dios debe situarse siempre entre los conservadores en materia de vestimenta, y no dejará que “llene la mente el problema del vestido” (El evangelismo, p. 202).

El aseo y la conducta cristiana deben observarse en el cuidado de la persona que está en todo tiempo tratando de agradar y representar correctamente a Cristo, nuestro Señor. Los padres cristianos deben hace valer el peso de su ejemplo, instrucción y autoridad, para inducir a sus hijos y a sus hijas a vestirse con modestia, y conquistar así el respeto y la confianza de quienes los conocen. Que nuestros hermanos se consideren bien vestidos solo cuando hayan cumplido con las normas de la modestia en el uso de una vestimenta de buen gusto y conservadora.

Los medios de comunicación modernos

Al igual que el cuerpo, la mente necesita también alimento nutritivo para su renovación y fortalecimiento (2 Cor. 4:6). La mente es la medida del hombre. El alimento intelectual es, por lo tanto, de la máxima importancia en el desarrollo 
del carácter y en la realización de los propósitos de nuestra vida. Por esta razón, nuestros hábitos mentales deben revisarse cuidadosamente. Lo que escogemos leer, oír mirar, ya sea un libro o una revista, la radio o la televisión, Internet u otros medios modernos de comunicación, moldea e impacta nuestro carácter.


 Los libros y otras publicaciones se encuentran entre los agentes más valiosos para la educación y la cultura, pero estos elementos deben ser bien elegidos y correctamente usados. Existe una riqueza de buenas publicaciones, tanto de libros como de revistas; pero existe también un diluvio de publicaciones perniciosas, presentadas a menudo de la manera más atractiva, pero perjudiciales para la mente y la moral. Las historias de desenfrenada aventura y moral relajada, se trate de hechos reales o de ficción, donde sea que se presenten, son inconvenientes para los cristianos de cualquier edad.

La radio, la televisión e Internet cambiaron toda la atmósfera de nuestro mundo moderno y nos pusieron en fácil contacto con la vida, el pensamiento y los acontecimientos de todo el globo. La radio y la televisión son grandes agentes educadores. Estos medios nos permiten ampliar grandemente nuestro conocimiento de los acontecimientos mundiales, y disfrutar de importantesdiscusiones y de la mejor música. Sin embargo, y lamentablemente, la radio y la televisión también llevan a sus audiencias, casi de continuo, representaciones ficticias y muchas otras influencias que no son ni sanas ni elevadoras. Si no usamos el discernimiento y la decisión, convertirán nuestros hogares en teatros y escenarios de espectáculos comunes y sórdidos.

La seguridad para nosotros mismos y para nuestros hijos se halla en que nos decidamos, con la ayuda de Dios, a seguir el consejo del apóstol Pablo: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, 
todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Fil. 4:8).

La recreación y el entretenimiento

La recreación es un buen refrigerante para las facultades mentales y físicas.
Una mente vigorosa y sana, en vez de pedir diversiones mundanas, encontrará una renovación de las fuerzas en la buena recreación. 

Debemos evitar lo que dramatice, presente gráficamente o insinúe los pecados y los crímenes de la humanidad: homicidios, adulterios, robos y otros males semejantes, que son responsables en medida no pequeña del presente desmoronamiento de la moralidad. En su lugar, deberíamos deleitarnos en el gran mundo de la naturaleza creada por Dios, y en el encanto de los elementos humanos, y en la manera divina de obrar.

Otra forma de diversión que ejerce una mala influencia es el baile. “La diversión del baile, como se practica actualmente, es una escuela de depravación, una terrible maldición para la sociedad” (Mensajes para los jóvenes, p. 397; véanse 2 Cor. 6:15-18; 1 Juan 2:15-17; Sant. 4:4; 2 Tim. 2:19-22; Efe. 5:8-11; Col. 3:5-10).

La recreación es esencial. Pero, en lugar de unirnos a las multitudes que son “amadores de los deleites más que de Dios”, deberíamos esforzarnos por lograr que nuestra recreación y nuestra amistad estén centradas en Cristo y en su iglesia.

Conclusión

Rodeados por los peligros de los últimos días, teniendo la responsabilidad de pregonar rápidamente el último ofrecimiento de salvación al mundo, y enfrentando el Juicio que culminará con el establecimiento de la justicia universal, consagrémonos de todo corazón a Dios, en cuerpo, alma y espíritu, decididos a sostener las altas normas de vida que deben caracterizar a los que esperan el regreso de su Señor.




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